Un día en el Comunero de Revenga

Un día en el Comunero de Revenga

Necrópolis de Revenga en su totalidad.

El pasado 14 de marzo, el clan Delta decidió ir a el Comunero de Revenga. El lugar se encuentra aproximadamente a una hora y cuarto de Burgos, en la Sierra de la Demanda. Decidimos ir ya que la carrera de Historia y Patrimonio de la Universidad de Burgos pide hacer un trabajo de prospección arqueológica y eso incluye sacar fotos del lugar que se quiere prospectar. Es por eso que el lugar elegido no podía ser otro que el Comunero de Revenga, un paisaje donde todavía se pueden observar las marcas del pasado, como las dos necrópolis que visitamos, ambas dos de la Edad Media y aproximadamente del siglo IX d.C., eso es aproximadamente 1.200 años atrás, lo que puede parecer a simple vista poco pero si echas la vista hacia atrás te darás cuenta de que 1.200 son muchos años. Por ejemplo, el continente americano fue descubierto hace 529. Las tumbas de ambas necrópolis, la de Revenga y la de la Cerca, están excavadas en piedra y acogían todo tipo de cuerpos, desde los más pequeños hasta los más grandes, aunque los más grandes no llegaban a superar la altura de un adulto de hoy en día. El hombre del medievo no solía ser demasiado alto debido a múltiples factores como la dieta o la mortalidad temprana.

La tumba de un bebé del siglo IX d.C.

El paisaje pseudo otoñal era otro factor en cuenta para visitar el Comunero. El color marrón de las hojas caídas contrastaba con el verde de los pinos y de la hierba, pues la primavera ya hacía acto de presencia por estas fechas. El contraste seguía también con el tono marrón y grisáceo de la corteza de los árboles, que cubrían el lugar dando una sensación distante a la civilización, como si nos encontrásemos en otro tiempo o en otro mundo. Los troncos de madera cortada estaban apilados a ambos lugares del camino ya que esta había sido dejada a secar naturalmente y hacían que el característico olor a pino seco se propagase por todo el lugar. En cuanto al sonido, podemos decir que aunque no hubiese muchos pájaros, el ruido del Torralba, el río que recorre el lugar, era suficiente para nosotros.

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